miércoles, 2 de junio de 2010

Una vida simple pero centrada


Mi buen amigo Mark Abbot que vive en Costa Rica, me regaló un libro que me ha acompañado por casi diez años. En alguna ocasión habíamos compartido nuestro común aprecio por los devocionales que se compilan en esa obra, así que él aprovechó la ocasión oportuna para obsequiármelo. “En Pos de lo Supremo” de Oswald Chambers es uno de esos libros de los que uno nunca se separa, de los que gastamos su carátula y llenamos sus páginas de subrayados y notas. Puedo leer sus diarias reflexiones año tras año y siempre desafían mi conciencia y me animan a crecer en el conocimiento de Cristo. “Este libro -diría Stanley- no es un tesoro para admirar, sino un mensaje para vivir”

Hoy quiero compartir unos párrafos de la lectura del día 18 de mayo titulada “Una vida simple pero centrada” con el deseo que pueda bendecirte de la misma manera en que me ha bendecido a mí en este tiempo particular de mi vida.

Con frecuencia dificultamos la acción de Dios –y la influencia que desea ejercer por medio de nosotros- con nuestros vanos esfuerzos por ser coherentes y útiles. Jesús dijo que hay solo una manera de desarrollarnos y crecer espiritualmente, y es centrándonos y concentrándonos en Dios.

En esencia, quería decir. “no os preocupéis en ser útiles a los demás; sencillamente, creed en Mí.”
En otras palabras prestad atención a la Fuente, y de vosotros “correrán ríos de agua viva” (Jn 7.38). Nuestro Padre celestial sabe nuestras circunstancias, y si nos mantenemos centrados en Él, en lugar de en nuestras circunstancias, creceremos espiritualmente, lo mismo que los «los lirios del campo».

Quienes más influyen en nosotros no son aquellos que nos llaman la atención con su palabrería y sus discursos, sino los que viven sus vidas como las estrellas en el cielo y «los lirios del campo», de una manera sencilla, sincera y sin estridencias. Éstas son las vidas que nos moldean y conforman.

Si quieres ser útil para Dios, mantén la relación apropiada con Jesucristo centrándote en Él, y Él utilizará cada minuto, aunque no te darás cuenta, a un nivel consciente de tu vida, de que está usando.


¿Qué te parece?

sábado, 10 de abril de 2010

Bien querido

Desde que llegué a Houston en octubre pasado, fui acogido por la familia Abreu. Tony un viejo y querido amigo, compañero del ministerio que desarrollamos en las universidades en Cuba hace más de una década, junto a su esposa Magalys a quien conozco desde que era un adolescente y sus preciosas niñas Jesica y Mahé abrieron las puertas de su hogar para hospedarme y proveer para mis necesidades durante el tiempo que duraran los trámites que me posibiltarían establecerme e independizarme en este país. Tony tiene más de 10 años de residir en Estados Unidos y es pastor de una iglesia bautista hispana en el northwest de Houston.


Ellos han sido una verdadera familia, han compartido con generosidad todo lo que tienen, desde un confortable cuarto en su apartamento hasta uno de sus autos, en los que me movilizo. Al poco tiempo de llegar, Tony con la usual sinceridad de un buen cubano me dijo: “Freddy puedes quedarte con nosotros el tiempo que sea necesario, queremos servirte y apoyarte en este momento”. Magalys ha cumplido esmeradamente este propósito en su rol de buena cocinera y ya la típica comida criolla comienza a dejar sus efectos en mi peso. Ella no pierde ningún detalle para hacerme sentir bien cuidado.


Con la confianza de una relación profunda y sincera que se ha forjado en el tiempo, ellos han podido sin dificultad atravesar los umbrales de mi corazón, para ofrecer palabras de aliento y consejo, en momentos de una de las mayores transiciones que he enfrentado en mi vida. Pienso en las palabras de Jesús cuando dijo “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”. Viniendo esta declaración de alguien que llevó el amor por un amigo hasta las últimas consecuencias uno puede considerar la literalidad de este verso. Sin embargo yo veo un contexto de aplicación más simple y actual en lo que gente hace por mí, soy bendecido de tener amigos que saben darse como muestra de amor, que se han negado a sí mismos, han limitado su comodidad y privacidad y han decidido ser un canal de permanente provisión de Dios para mí.